Contributoria: periodismo co-producido y co-financiado

La home de Contributoria

La home de Contributoria

[tweetable]⤽If Kickstarter and Medium had a baby, it would be Contributoria”[/tweetable].

Así define Fast Company este nuevo proyecto periodístico. No está nada desencaminada.

Contributoria es una plataforma de publicación para periodistas independientes, sostenida por su comunidad de miembros, a los que permite colaborar en todos los aspectos del proceso de creación de la noticia, incluyendo la financiación del trabajo periodístico, la edición y publicación.

Contributoria nace cuando un pequeño equipo de (cómo no) The Guardian Media Group diseña una propuesta para una “peer-based funding platform for storytellers” para presentar al News Innovation Contest que lanzó el International Press Institute con el apoyo económico de Google en 2012. El proyecto fue uno de los ganadores junto a unos cuantos más. Desde entonces se pusieron a desarrollarla y desde hace justo un mes está online, en fase beta, y con sus dos primeros números publicados (son mensuales), y preparando colaborativamente el tercero. En cuanto lo vi, pensé enseguida en el español Información Sensible.

Funcionamiento

Es muy simple. Por un lado, el ‘periodista’ (que puede ser cualquier usuario) propone un tema a desarrollar. Por otro lado, el resto de usuarios disponen de unos puntos que deben gastar mensualmente, repartiéndolos entre las propuestas existentes. El ‘periodista’ especifica cuánto quiere cobrar por desarrollar su propuesta, y el equipo de Contributoria traduce ese precio en puntos.

Y así empieza la segunda fase, en la que los usuarios pueden comenzar a repartir sus puntos y vemos un listado de todas las propuestas, a modo del típico listado de los sites de crowdfunding, para ir cribando en qué cestas queremos meter los huevos.

Pantalla con la lista de las propuestas a las que financiar para el siguiente número.

Pantalla con la lista de las propuestas a las que financiar para el siguiente número.

Yo, por ejemplo, he rebuscado un poco y he apostado 10 a esta historia. Sí, reconozco que tengo curiosidad por cómo el autor vaya a desarrollar tal titular. Como veis en la imagen de abajo, el sistema te permite elegir cuantos puntos quieres darle. Tienes hasta 24 horas para desdecirte.

Cada usuario dispone de unos puntos que asigna a discrección entre las propuestas periodísticas que recoge Contributoria.

Cada usuario dispone de unos puntos que asigna a discrección entre las propuestas periodísticas que recoge Contributoria.

En esta fase beta Contributoria paga los puntos, y cuando te registras obtienes 150. [tweetable]En su primer mes de funcionamiento, Contributoria deberá pagar más de 7.500 libras a los periodistas[/tweetable] que lograron reunir todos los puntos para sus propuestas.

JaaS, Journalism as a Service

En la economía digital sabemos que un SaaS es un software como servicio, es decir, un software que no instalamos en nuestra máquina sino que trabaja distribuidamente para miles de clientes al mismo tiempo desde servidores. Ejemplos de Saas son Flickr, Dropbox,  Basecamp o todos los servicios de Google Apps, incluído Gmail, quizá el primer SaaS masivo de la historia.

En los SaaS el cliente normalmente se suscribe a ese software-como-servicio, y por lo tanto es muy habitual que en el proceso de registro encontremos planes de precios o pricings como este:

Pricing table genérico de un SaaS

Normalmente estos planes suelen contar con una opción gratis que les permite captar usuarios/masa crítica a la que poco a poco tratan de convencer para que contraten otro plan de pago. Ese es el modelo de negocio.

Compara la tabla de arriba con la siguiente:

Ejemplo de JaaS, Journalism as a Service

Pricing table de InfoLibre

Se trata del pricing del recién estrenado medio de comunicación InfoLibre, dirigido por el ex director de Público Jesús Maraña y asociado al francés Mediapart.fr.

Como vemos, InfoLibre apuesta por ofrecer su producto en un modelo freemium con una escala lógica de precios en el que, en mi opinión, destacan tres ‘servicios’ o ‘productos’ que pueden actuar de gancho:

Los tres servicios del pricing de InfoLibre que más me han convencido

Mi intención inicial era simplemente registrarme gratis (primera columna), ya que últimamente no paran de surgir nuevos medios basados en “socios” y mi debilidad por este fenómeno hace que lleve acumuladas muchas suscripciones. No obstante, los dos primeros “servicios” señalados en la lista me animaron a decir: “bueno, son solo 6 euros al mes, vale la pena”. Y cuando llego al final, veo que por solo 2 euros más, tengo la revista en papel en el buzón de mi casa. No tengo nada en contra de los kioskeros, pero estoy acostumbrado a que no tengan el Mongolia, así que imaginad otras publicaciones más nuevas o a priori más minoritarias…

Total, al final, teniendo en cuenta que por suscripción anual pagas 75 euros (en lugar de los 12*8=96

El periodismo, un arte

El impresionismo, un movimiento artístico considerado en su momento enormemente innovador, debe su nombre a este cuadro de Monet "Impresión: sol naciente"

Hoy he comido con un amigo que es artista, trabaja en su taller allá en mi pueblo, y ha venido a Madrid para visitar Arco, entre otras cosas. Es de mi quinta (en los pueblos somos muy endogámicos con la edad), se puede decir pues que joven aún, pero con mucho futuro. Habrá que ir pensando en comprarle algo. El tema es que muchas veces, sobre todo las que -como hoy- son fuera del ambiente del pueblo, aquí en Madrid, cuando hablamos acabamos tejiendo paralelismos entre lo “suyo”, el arte y su mundillo, y lo “mío”, el periodismo y su órbita. Y es gracioso, porque en ambas galaxias hay actores y problemas similares.

Por ejemplo, las galerías de arte. Mi amigo, que se llama Agustín -como mi padre-, me explica la importancia que tienen: las galerías son las que apuestan por el artista, y éste, solo, jamás podría exponer en un lugar como Arco, por ejemplo, pues montar un stand cuesta una fortuna, aunque la crisis no es ajena al sector. El objetivo de un periodista es que su trabajo llegue al máximo número de público posible e históricamente la única vía han sido los medios, pienso yo mientras tanto.

Agustín sigue y me cuenta que si su obra está con una galería, no debe venderla directamente a un coleccionista que acuda a él tratando de evitar la comisión de la galería, después de haber visto su obra en ella, cosa que por lo visto sucede bastante. Casi siempre el periodista también tiene contrato de exclusividad, sobre todo para con medios del mismo sector o ámbito, máxime si son competencia directa, me digo mientras me lo cuenta

Por otro lado, mi amigo cree y argumenta muy bien que el arte no es en realidad elitista, desde luego no todo. Me cita varias experiencias de galerías que tratan de abrirse a la sociedad, y que comprar arte no tiene por qué estar sólo al alcance del famoso 1%. Dice que hay gente que por mucho que les facilites el acceso, no tienen interés en el arte. Y pienso en las cifras de lectores de periódicos en constante declive, tanto que en EEUU el papel del culo ya vende más que el papel que se usa para imprimir diarios.

Le propongo a Agustín que sería buena idea crear una plataforma que permitiera la compra comunitaria de arte, en acciones. Mi argumento es que quizá el 80% de la sociedad no tiene interés en el arte, y que quizá hay un 5% que sí y, si no compra, al menos va a exposiciones y se informa, y que quizá el restante 15% esté en un medio camino en el que la falta de una oferta basada en el coste de oportunidad les hace difuminarse entre el 80%. Si les ofreciéramos una alternativa asequible a su coste de oportunidad, quizá podrían engrosar las filas del 5%, que se triplicarían.

El asunto sería que los artistas subieran representaciones de su obra a la plataforma y que esta dispusiera de buenos críticos y especialistas que evaluaran la obra, más que nada para evitar que gente como yo subiéramos nuestros garabatos hechos con el iPad. Habría dos tipos de usuarios: artistas y coleccionistas. Guiados por nuestros propios gustos y por las críticas de los especialistas en la propia plataforma y en blogs, twitters y pinterests, podríamos escoger invertir en determinadas obras y crear así nuestra colección. Yo podría decidir invertir 150 euros en arte al año, por ejemplo, y tener mi colección. Tendría el % correspondiente de cada obra en la que habría invertido. Recibiría, a cambio, por ejemplo, representaciones físicas de la obra a escala, y seguro la parte proporcional a mi participación en caso de venta a gran coleccionista, museo, etc.

Creo que mucha gente que no se ha planteado nunca adquirir arte comenzaría a hacerlo. Alguien con una nómina de 1.500 euros no se plantea ahora comprar arte, porque invertir dos o tres veces su nómina en una obra no lo ve posible teniendo antes una hipoteca, letras del coche, etc. Pero si el coste de oportunidad se estrecha y para ser coleccionista solo necesita dejar de cenar fuera con su pareja dos o tres noches al año, es otra cosa. Y sobre todo, sería un magnífico trampolín para los artistas más jóvenes. Ya saben, la firma y el estrellato pesa muchísimo en este mundo a la hora de tasar. Como en el periodismo actual, vaya.

Pero, ¿y las galerías?

¿Cuál es el coste de oportunidad de los consumidores de noticias de pagar por ellas? Si desde hace años no pagan por ellas en la Red  y si las fuentes se han multiplicado y, en cambio, pagando 15 euros al mes pueden ver un catálogo de más de 1.600 películas en Filmin, está claro que el coste de oportunidad es mucho más elevado si decidimos gastárnolos, por ejemplo, en una suscripción a Orbyt.

Pero, ¿y los medios?

Creo que al igual que hemos visto con los actores (las galerías, los medios) y los problemas (llegar al público, ser rentables), en una posible solución o camino a seguir su mundillo, el arte, y mi órbita, el periodismo, vuelven a coincidir para cuadrar este círculo  impresionista. Creo que el coste de oportunidad del periodismo respecto a los medios tradicionales tal cual siguen concebidos hoy es demasiado elevado y en varias direcciones. Para los lectores, porque teniendo las fuentes directas cada vez más cerca y abiertas de ellos, están consumiendo sólo la información que un medio, con sus legítimos intereses, está seleccionando a su criterio. Para los periodistas, porque no hace falta que hablemos de la precariedad laboral y de los contínuos despidos y abusos sobre los becarios.

Internet, tanto para unos (los artistas), como para otros, (los periodistas), ha hecho aumentar considerablemente los costes de oportunidad de mantener los statu quo de sus respectivos “mundos”, con sus intermediarios, que por otra parte, siguen sin un modelo de negocio claro para esta nueva era.

El arte no morirá (no puede). El periodismo tampoco (no debe).

 

El contenido exclusivo como valor de negocio en las redes sociales

modificación torpeda sobre la típica imagen que todos usan/mos para referirnos a las RS

Hoy he tenido algo de tiempo para meterle mano al ‘último’ Dossier Telos, dedicado a las redes sociales (el anterior fue hace justo tres años y trataba sobre la blogosfera). Con Fumero a la cabeza, ha salido un cuadernillo bastante bueno. Hay varios artículos interesantes a los que aún no les he podido hincar el diente, como el de Tíscar, pero que caerán. He leído el de Genís Roca, titulado ‘Soluciones para nuevas realidades. Modelos de negocio en las redes sociales‘.

Roca sostiene que tras el boom de redes sociales generalistas como Facebook, MySpace, Hi5, etc., las que van a triunfar son las verticales, más segmentadas, como Catódicos o eBuga. Roca concuerda con Dans cuando éste dice que pese a que las redes sociales (RS a partir de ahora) son sin duda útiles, el modelo de negocio no tiene por que ser claro, más bien es muy difícil de hallar. Dans lo compara -y Roca está de acuerdo- con los servicios de webmail como Hotmail o Gmail, que según ambos son muy usados e imprescindibles pero que no han llegado a alcanzar el estatus de negocio.

Con estos antecedentes y tras un detallado análisis, Roca llega a la conclusión de que las RS generalistas que se han dedicado a captar usuarios obviando el modelo de negocio (FB, Hi5…) sólo pueden optar a ser compradas. Las RS basadas en mercados de nicho y audiencias segmentadas sí podrían sobrevivir (y crecer) gracias a una publicidad más eficaz. Roca también llega a la conclusión de que el nicho más apetecible es el de las RS corporativas. Pero ese es otro telar.

Estoy de acuerdo con él en que el futuro se parece más a un caleidoscopio que a un bloque de hormigón, y que dedicarse a los cristalitos de diferentes colores tiene más futuro que a producir ‘cemento’. Ahora bien, creo que hay algo más importante que la segmentación ‘per sé’ para valorar al alza las RS de nicho: los contenidos que albergan.

A veces nos obcecamos con los términos. Participación, acción. Son los dos que más nos marean y nos hacen perder la vista amplia. En mi opinión las RS de nicho tienen más valor no porque participen muchos usuarios fanáticos de un tema, sino porque los contenidos que generan -en general- son de una calidad superior a los que pululan por las RS generalistas (¿hace falta que cite el ‘Muro’ de FB y los puñeteros prescindibles forwards del mismo sitio?).

Al final: contenidos. Contenidos exclusivos y de calidad. En plena era de la sobreabundancia de contenido, éste sigue siendo el rey porque la calidad no se multiplica sola. Gestionar contactos a través de un RS es muy útil, pero como dicen Dans y Roca, es una utilidad casi neutra, como usar el webmail. El valor, una vez más: los contenidos de calidad. Unos contenidos que en muchos casos serán muy superiores a los que puedan producir los medios tradicionales, incluso los temáticos. El secreto estará, pienso, en la gestión que de ellos haga el equipo de la RS.

¿Tiene, pues, sentido montar una RS segmentada, por ejemplo, sobre colombicultura? Sí, siempre que esté enfocada a algo más que sumar usuarios que se escriban chorradas en los muros y se pasen el día usando tráfico de la RS para mandarse forwards indeseados. Siempre que haya un equipo detrás dispuesto a fomentar y estructurar una participación que acabe pariendo contenidos de calidad: ‘El palomo: pinturas de guerra’, por ejemplo.

En fin, desde mi punto de vista una RS no aspira sólo a conectar personas, sino a hacer que sean activas dentro de su comunidad (la RS de nicho, en este caso) y que fruto de esa calidad, gracias al trabajo del equipo de la propia RS, aparezcan esos contenidos exclusivos que de verdad nutran de valor a (otro más de la lista) difícil modelo de negocio.

Por cierto, según un estudio de Multiplica, aparecido recientemente, el modelo más utilizado por los 100 principales sites 2.0 del mundo es el de ‘gratis total’ para el usuario con un 62%. Un 37% cuenta con un modelo mixto que contempla gratuidad y pago por suscripción a determinados servicios y tan sólo el 1% cuenta con un modelo 100% pago. El estudio también corrobora que la publicidad es la principal fuente de ingresos de dichos sites con un 86%. Otras iniciativas como las suscripciones a determinados servicios con un 26% y la comercialización de productos con un 17% le siguen de lejos.

¿Hay alternativa a una publicidad que no parece dispuesta a pagar tantas facturas como creíamos? ¿Crees que las RS no necesitan generar contenidos de calidad? ¿Basta con ser capaces de atraer cientos de perfiles que se grafiteen y hagan fordwards constantemente? ¿Cuál es, para tí, el verdadero núcleo de valor en una RS (pensando en modelo de negocio)?