Nuevo poder para nuestro rol como consumidores: las ’empresas B’

Etiqueta certificativa de una B Corporation

Era cuestión de tiempo. Piénsalo: Vas a comprar, por ejemplo, un detergente. Entre dos marcas de precio similar, una lleva una etiqueta ecológica, es decir, un organismo independiente certifica que dicho producto cumple una serie de normas ecológicas. El otro no. ¿Cuál te quedarías?

En Estados Unidos han surgido (y parece estar funcionando) las ‘B Corporations‘. Se trata de que obtienen para su marca una etiqueta de responsabilidad social. La otorga B Labs, una organización independiente y sin ánimo de lucro. Para obtenerla, las más de 300 empresas que ya la tienen tuvieron que demostrar que crean beneficio no sólo para sus accionistas, sino también para los empleados de la compañía, la comunidad a la que sirve o con la que se relaciona y el medio ambiente que le rodea o al que afectan sus procesos.

Para estas empresas representa, además de un acreditado cumplimiento de su responabilidad social corporativa, una ventaja competitiva respecto a sus rivales en productos y/o servicios. Para el consumidor, una oportunidad más para cambiar las cosas ejerciendo uno de los pocos poderes que aún no está en agenda ser arrebatado a la ciudadanía: el de la decisión de compra.

¿Comprarías antes un producto similar en calidad y precio a otro por estar certificado con una etiqueta de socialmente responsable?

Los medios de hoy en día tendrían difícil conseguirla, eso sí.

Vía: Change Clotez / @josepmiro

2 comentarios en “Nuevo poder para nuestro rol como consumidores: las ’empresas B’”

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Si alimentar fedatarios públicos ya es una carga para la sociedad, sobre todo para los pequeños productores, cuando además se auto postulan como tales el tema no tiene tanta gracia.

    Las redes sociales llevamos mucho tiempo trabajando para que la sociedad sea quien gestione la calidad social y medio ambiental sin caer en dar por bueno homologaciones y sellos que no son más que un coste extra para el productor, y en definitiva para el consumidor.

    El objetivo es que el consumidor sea responsable y no que se dedique a obedecer irresponsablemente.

    Seguimos escuchando ruido sólo ruido.

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